sábado, 18 de agosto de 2012

Sentimientos o Emociones para elegir:¿Cómo nos sentimos aquí y ahora...?


Feliz
Triste
Enfadado
Asustado
Confuso
Fuerte
Frustrado
Débil
Eufórico
Radiante
Entusiasmado
Alegre
Exaltado
Gozoso
Contento
Satisfecho
Orgulloso
Desesperado
Deprimido
Destruido
Afligido
Amargado
Desolado
Desmoralizad
Desalentado
Apático
Furioso
Exacerbado
Encolerizado
Airado
Irritado
Agresivo
Crispado
Fastidiado
Molesto
Aterrorizado
Turbado
Angustiado
Atemorizado
Inseguro
Ansioso
Temeroso
Disgustado
Intimidado
Aturdido
Desconcertad
Estupefacto
Atontado
Desorientado
Pasmado
Perplejo
Dubitativo
Incómodo
Potente
Poderoso
Vigoroso
Enérgico
Capaz
Decidido
Seguro
Optimista
Firme
Culpable
Amargado
Resentido
Avergonzado
Nostálgico
Receloso
Insatisfecho
Defraudado
Engañado
Impotente
Oprimido
Vacío
Inseguro
Vulnerable
Indeciso
Incierto
Vacilante
Humillado
 
Sugerencias para compartir en grupo…
   ¿Cuál es la moraleja de este relato?

- ¿Qué “valores” descubres en él… cómo nos invita a vivirlos?
 
- En nuestro grupo: ¿están presentes estos valores…Sí…No… Cuándo, en qué momentos sí… o en qué
   momentos no… por qué crees que sucede esto?
      
      - ¿Tienes alguna propuesta, iniciativa o comentario para ayudar a contribuir a que todos vivamos en el    
        grupo estos valores?




Textos para la Reflexión Grupal: Tutorías

miércoles, 27 de junio de 2012

Oh...PROMETEO!!

Prometeo ha robado el fuego de los dioses para entregárselo a los hombres, y por ello es castigado por los habitantes del Olimpo. Una Furia lo encadena a una roca y le arranca el hígado cada noche como penitencia. Cuando consigue escapar, Zeus le propone un trato: si consigue encontrar a un solo héroe verdadero en toda la historia de la humanidad por la que él ha traicionado a los suyos, le perdonará. Prometeo se encogió de hombros y se sacudió de encima las cadenas rotas. «Tal vez no quiera esconderme en este mundo», murmuró. Prometeo era un dios prófugo. ¿Su delito? Robar el fuego a Zeus y entregárselo a la raza humana. ¿Su castigo? Ser encadenado a una roca y soportar que un ave monstruosa le arrancase el hígado cada día por toda la eternidad. Hasta que escapó. Y así es como fue a parar a Ciudad Edén en 1858, y a mi vida. “¿Que quién soy yo? (Eres una persona muy curiosa, ¿no?). Me llamo Jim y soy huérfano. ¿A qué me dedico? Libero a los ricos de sus riquezas. Prometeo y yo éramos uña y carne. Y aprendí que a veces hasta los dioses necesitan ayuda cuando el peligro acecha…”